sábado, 28 de agosto de 2010

El orden de los factores


No es acaso la única ciudad en serlo, pero el que Bangkok contenga a la ciudad entera en cada fragmento la convierte en una muy cansada de recorrer. Sus aceras son propiedad de los puestos callejeros, su asfalto un caos donde los semáforos en rojo son solo otra clase de verde. Es una ciudad sin papeleras, bancos en que sentarse, calle que no huela al resto de las calles. Transitar un mercado exige la misma resistencia que cruzar una calle. Dos veces al día se detiene, como todo Tailandia, para atender al himno nacional. Posiblemente para coger carrerilla para el resto del día.

viernes, 27 de agosto de 2010

Lo están peinando


En las inmediaciones del wat phra kaew o gran palacio imperial, en Bangkok, un oriundo nos sugiere un plan alternativo (patrocinado por el comercio local) dado que nuestro plan de visitar la zona habrá de esperar 2 horas dado que lo están limpiando. No una sala, sino el complejo entero, que no es pequeño precisamente. Cuando su compinche se ha acercado para corroborar la farsa, un par de españoles nos confirman el entramado. Como prueba cualquier profesión -desde asesino a santo- antes o después obtienes clientes, así que en un rato, mañana a mas tardar, un par de crédulos se irán de tiendas sin quererlo, maldiciendo la pulcritud tailandesa que cualquier baño publico desmiente o aterroriza. Curiosamente, mientras el timador abrillantaba la mentira, algo en el árbol justo encima no paraba de echarle cosas encima. Quizá Buda vela así por quienes con sus divisas vienen a dar brillo a todo esto.

miércoles, 25 de agosto de 2010

economia sumergida en la acera


Cifraba hace poco The Economist el desempleo en Tailandia en el 1,7% de su poblacion activa, probablemente el mas bajo del planeta. Y es porque aqui cualquiera parece tener un trozo de acera esperandole en que instalar un puesto de venta de ropa, comida o ambas cosas. Los medios de transporte lo cuentan: hay bicicletas que sostienen en movimiento una freiduria de carne, otras que desplazan un transportin y en el, pasajeros. Los tucs tucs son motocicletas adaptadas para llevar adherido un sidecar detras. Los taxis rojos son pick ups, transportes de mercancias con techo habilitado para trasladar gente. Incluso los vehiculos que solo son aquello para lo que fueron disenados -motos mayormente- se conducen aqui como si coches: temerariamente desdenosos de su fragilidad.
Y en todos los puestos se repite la oferta -ropa, comida, turismo. Uno acaba comprando por rendicion.

joselito y el tiburon morcilla


Joselito hace lo que le piden y se lanza a las olas de Ko Phi Phi con la elegancia de un tiburon morcilla. Aqui hay mas españoles que arboles: unos que vienen a escalar, otros a cursar meditacion y huelga de hambre simultanea, los que a la full moon party y los que aguantan el temporal a pecho descubierto mientras el resto no asoma un pie del bar que les refugia. Es un misterio por que uno reconoce a un compatriota en el acto. ¿Joselito es Joselito incluso sin que la senora lo anuncie?, ¿es, ya de lejos, espanola la mujer que, por skype, pregunta a su madre por la paqui y dice luego que se corta?, ¿es español el colarse en piscinas sin pudor?, ¿y la pareja que dice necesitar ir a Bangkok para comprar un iman para la nevera y un cenicero de bambu?. Mas obvio los que se levantan en bloque para bailar la macarena en un bar, en Railey. Los miembros de toda especie se reconocen entre si, y pudiera ser que en su incapacidad proverbial de hablar ingles, el tiburon morcilla sienta consuelo, sabiendose un pez fuera de esa agua, pero acompañado en la orillita.

martes, 24 de agosto de 2010

Del color del cristal con que lo pagas


El logo de Ray Ban es, en los puestos callejeros, lo que el picante en la carta del restaurante: puedes elegir otra cosa pero te pierdes el sabor local. Si las vendieran con estuche, ambos tendriamos ya media docena. Son estos dias gafas de sol para cuando no hay sol, y acaso llevar puestas unas Dior, Prada o Armani merezcan en Tailandia el mismo grado de verosimilitud que tiene por aqui, bajo el mozon, vestir de marca.

La chupa que no compras


Bastante quemada tenemos la espalda (con o sin Aloe Vera, eso da igual, pica lo mismo) como para recordar la chupa de ayer, o la de esta manana.
Por supuesto (y esto tiene su gracia) a la chupa de agua que no iba incluida en el viaje es a la que me refiero. Que no es una, sino unas cuantas ya.
Tailandia tiene estas cositas. Tan pronto hace un solazo de aqui te espero, como se encapota el cielo y ves venir la tormenta acercarse, sin que parezca que te pillara sin el chubasquero puesto y a medio vestir.
Lo mejor es vivir ese amago de fin del mundo desde el agua salada, bien metiditos en el mar caliente, como los macacos en las aguas termales. (Ayer, en la playa de "La playa"; hoy, sorprendidos en Ko Phi Phi, como si fueramos nuevos!)

Tormentazo de arena incluido, dos segundos apenas para salvar la mochila no impermeable del desastre,una vez mas, aqui estamos para contarlo.

Y secos :)

todo a sien


Entre lo poco que uno ha aprendido del curso de masaje en Chang Mai esta la importancia del estiramiento. Por eso, y por si la charla continua de las masajistas no bastara para contarlo, sabe uno que el sitio al que hemos entrado en Ko Phi Phi es mas una peluqueria muscular, donde lo que estan haciendo es sobarte o contando tus poros hasta que la hora se cumpla. Como a Teresa le va mejor habiendo pagado el mismo masaje, deduce uno que insistir en una version suave del masaje tailandes tanto sirve unos dias para que el aceite que te untan haga que le resbale al masajista la instruccion, como para anestesiar, en otros, cualquier intencion terapeutica. Ole por el instrumento de tortura convertido en potito.

El regateo


Vamos a suponer que una tiene un don inoportuno y logra un ticket de barco por 200 baths menos que el resto de pasajeros.
Vamos a suponer que estas gafas que llevo puestas, regateadas a medias, me han costado una tercera parte de lo que una holandesa pago por cada uno de sus cinco pares hace unos dias.
Y,por suponer mas,pongamos que ademas, lo paso bien en el juego. De 300 que me piden, sugiero 100 y el trato se cierra en 120.
No esta mal!
Pero, que extrana diversion es esta, de la que parecen privarse la mayor parte de viajeros? Acaso no hay un apartadito importante de esta cultura y esta sociedad que se pierden sin saberlo?

Yo les digo una cosa, mis queridos lectores: nada hay como el placer inenarrable del acuerdo, la palabra ferrea pero entusiasta. La idea, su precio, la recompensa.
Y nada comparable a esas cincuenta camisetas de Juan Pablo en la mochila.

lunes, 23 de agosto de 2010

pongame de todo


A nuestra derecha, el manglar que por la noche es mar y de dia estepa pedregosa cuando baja la marea. Un poco mas cerca, a medias como el agua entre un estadio y otro, una mujer que nacio hombre se afana desde su puesto de duena del garito de internet, en ligar con hombres y mujeres, camara de por medio. En un pais en el que el bus que lleva de un sexo a otro transita siempre lleno, la ladyboy, menuda y desganada, parece centrar sus energias en la atencion a la pantalla que mira 13? horas diarias. Quiza porque en esta sociedad esta mal visto besarse en publico, abunda esa forma de concentracion de afectos que es ser, a la vez, los dos lados del amor.

domingo, 22 de agosto de 2010

Mareo y marea -ingleses


El día que escogemos ir a la isla donde se rodó una película -la playa-, suben a la chalupa con nosotros un par de hooligans, como para intercalar el jurgol en el cine. Ellos se intercalan pastillas, alcohol, tabaco y una verborrea inasequible al desaliento. Las islas se suceden, la tormenta convierte el mar en una coctelera y el hooligan masculino se refugia en la parte trasera de la canoa. Callado por vez primera, discretamente se coloca el chaleco salvavidas. Le miramos con la compasión del tiburón. El aguaexcursiones que se ha venido a hacer snorkeling no sabe nadar.

sábado, 21 de agosto de 2010

in farfolla's world


Fondon como de seductor ajado, el tipo que baja a la playa al atardecer lo hace con una toalla a la cintura y una joven en la otra mano, como si ambas cosas las dieran en recepcion junto a la llave. De estos vemos unos cuantos cada dia: hombres que rozan la sesentena mientras rozan o se frotan en publico con la veintena o treintena que camina a su lado. Como generico es burdo, y si este ejemplo ofende mas es porque el tipo camufla su edad en una postura chulesca. Como aqui una cosa es el precio que piden y otro el que pagas, acaso de lo que presume es de ganga.

viernes, 20 de agosto de 2010

Elephant's heaven


Bastante tiene el elefante maltratado con soportar la vejacion a sus espaldas, como para que una troupe de turistas de occidente se acomode a sus lomos para pasearse por la selva.

Comprobar de cerca a ese elefante malherido y ciego, cojo y huerfano, y comprobar que nadie hace nada por salvarlo; averiguar su desgracia desde que sufre el abuso hasta que logran salvarlo de su peor suerte -con mucha fortuna-; averiguar eso, contemplando a tantos otros como acuden felices a su reencuentro con la tierra, eso duele.
No es dolor ya observar su alegria al contribuir en el momento de sus comidas, ni es dolor coger un cubo de agua y banarlos en el rio. No es dolor, sino una experiencia inolvidable acariciar su piel, fornida y arrugada. Y tocar el cielo que no tuvieron con las manos, mientras algo en el ambiente te dice que volveras a ese lugar, al santuario de elefantes, a ese cielo que crearon para ellos.

Quiza de voluntario.

50% algodon, 50% morro


Como entre espanoles estas cosas se cuentan en publico, ayer volviendo de la playa ya de noche, y en la tesitura de colarnos en una de las piscinas de un resort de lujo, teresa hallo un par de toallas dejadas en una tumbona. Son amarillas, bien identificables por los guardianes del emporio. Asi que ahora, por segundo dia consecutivo, afrontabamos el momento de colarnos, ya con el salvoconducto colgando del brazo, cuando hemos hallado dos toallas mas, pero de un color mas oscuro. Hemos sustituido el pasaporte mojado y arenoso por uno seco, y tras banarnos nos preguntamos si con la toalla daran tambien de cenar. Como ya hemos cenado, preguntaremos por el desayuno.

de donde no se vuelve


De Krabi, en el sur del pais, tomas un bus que te deja a los pies de una chalupa que te deja en railey, west o east. Y ahi acaba tu viaje, vayas despues donde vayas. Donde uno llega es a una de las paginas del suplemento de viajes de un periodico, esas a las que uno se asoma los sabados en madrid pensando que antes vendra buda a venderte un tupperware a casa que te veras en una de esas playas. Como las fotografias que lo cuentan no estaran aqui puestas hasta que volvamos, uno desiste de explicarlo ahora. Aunque si cada espanol que encontramos por estos lares tiene un blog contandolo, en diez dias no va a quedar nadie a quien mostrar el prodigio, una vez de vuelta.

Por cierto, que ya no es necesaria cuenta alguna para comentar algo aqui. Mas facil.

domingo, 15 de agosto de 2010

Los dedos ciegos


Es todo un acontecimiento solamente entrar en el lugar. Tres plantas muy horteras, con fotografias del rey por las paredes y ventiladores funcionando a toda maquina. Mil colchones en el suelo; no se, quiza exagero, pero muchos. Y todos con muy mala pinta.
Entrar en el centro de masajes de los ciegos, aqui en Chiang Mai, es una experiencia. Descalzarse para recorrer los pasillos, y dejarse tocar por unas manos que no sienten tus gestos, es indescriptible.


Recuerdo una vez, durante un reportaje, que me dieron un masaje ayurvedico a cuatro manos. Fue en Madrid, en uno de los pocos lugares en los que puedes encontrarlo. La persona a la que entreviste me dijo que hacia poco, un invidente habia probado el mismo tratamiento, y contaba como su sensacion era la de alguien que recibe un masaje de un extaterrestre (por la sincronia de las manos).
En este caso, soy yo la que ve. Y las manos que se deslizan por mi piel las que detectan, pero las que no son capaces de visualizar nada. La precision de esas manos es impecable; exagerada, diria yo. Alude a cada punto concreto, con la presion adecuada y la tecnica incorporada en el alma, no en la mente.

Probablemente ahi resida el secreto y la sorpresa. El secreto incomodo de saber que no te entienden ni te descubren desnuda; la sorpresa insospechada de comprobar que tu desnudez empieza donde terminan sus dedos.