miércoles, 17 de abril de 2013

Pessoano


Pamuk fabuló con un día en el que cuatro de sus personajes favoritos que habitaron Estambul durante su niñez cruzaban sus destinos de forma que uno pasaba delante del otro en el momento en que éste necesitaba hallar una frase, una imagen, un olor encarnado en el paseante oportuno. Quizá porque, como expresó algo más adelante, -“la comprensión del desplome, del hundimiento irreversible de la civilización otomana, proporcionó a los viajeros que pasaron por Estambul en siglos previos un punto de vista poético desde el que podían hablar del pasado sin caer en la nostalgia insustancial, el elogio vacuo de la Historia o los peligros del nacionalismo o el comunalismo violentos, que sufrieron tantos de sus coetáneos.”- la idea necesaria debía, mejor, venir de fuera. Tratadas las piezas que venían a tu encuentro con las que huían, el Estambul de Pamuk es uno entre el desgarro y la huida que se quedaba a vivir entre sus ruinas.
Así, saberse musulmán estadístico en un estado musulmán ha de tener que ver en Turquía con ese Bósforo mental que pudiera, simultáneamente, separar y unir la sensación de reconocerse occidental pese a habitar un espacio que renunció a ello, escogió ser otra cosa y luego dejó a sus ciudadanos la libertad relativa de ser ambas cosas a la vez. Extracta Pamuk cómo, si en 1453 para occidente tuvo lugar “la caída de Constantinopla” y para los orientales “la conquista de Estambul”, también “a principios del siglo pasado, la mitad de la población de Estambul no era musulmana y, de los no musulmanes, la gran mayoría eran rumíes, los herederos de los bizantinos… en 1955, cuando el gobierno fue incapaz de controlar a las masas que habían estado provocando bajo cuerda, fueron saqueados los establecimientos de los rumíes y de otras minorías de Estambul, se destruyeron iglesias y se mataron sacerdotes, recordando el espectáculo de saqueos y crueldad durante la “Caída” que describen los historiadores occidentales. Tratadas sus minorías por los gobiernos turco y griego como “piezas de intercambio”, el número de rumíes que han abandonado Estambul en los últimos cincuenta años es superior al de quienes lo hicieron en los cincuenta años posteriores a 1453”.

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